jueves, 30 de mayo de 2019

La educación de hoy: la importancia del método centrado en el alumno

La educación de hoy: la importancia del método centrado en el alumno


¿Recuerdas cuando ibas a tu colegio o escuela? Seguramente llegabas, te sentabas en un banco y un profesor se ubicaba delante de ti. Te pedía orden y se hacía un silencio absoluto. Tu labor, durante horas, se remitía a anotar cuidadosamente lo que dijera. El maestro, desde un pedestal, determinaba si tu grado de conocimiento era o no el adecuado. La hora de los exámenes se trataba de vaciar en el papel todo lo que hubieses memorizado. Cuanto más, mejor.
Así, con más o menos variaciones, se educaron casi todas las generaciones en el pasado, incluyendo la tuya.
En la actualidad –por fortuna– esa imagen va en retirada. El viejo método en el que un profesor dictaba de pie ante decenas de alumnos que copiaban literalmente lo que decía, de exámenes que te obligaban a memorizar, de contenidos que nunca ibas a utilizar fuera del aula, ya está superada. Los métodos modernos de enseñanza alientan esquemas dinámicos en los cuales los alumnos se levantan, avanzan, conversan, hacen ruido, interactúan y, sobre todo, opinan y cuestionan.
Se trata de la educación centrada en el alumno. Un desafío que aún hoy para muchos coaches resulta difícil en un primer momento, dado que para ejecutarlo en buena forma deben comprender la realidad de cada alumno, apoyar sus necesidades básicas e identificar sus capacidades y limitaciones. Se trata, en resumen, de un tipo de educación más personalizado, que requiere conocer a cada alumno y su propio proceso de aprendizaje. Y también requiere alentar la individualidad de cada uno de ellos tomando en cuenta sus características únicas: virtudes, perspectivas, experiencias, talentos, intereses, capacidades, necesidades, e incluso sus defectos. ¿Te parece difícil?
La nueva corriente surgió por primera vez a principios el siglo XX de la mano de autores como John Dewey, Jean Piaget, Carl Rogers y María Montessori. El método no se aceptó en un primer momento, dado que muchos maestros consideraban que alentaba la anarquía y, por tanto, sus resultados no serían los esperados. La llegada de nuevas generaciones más desprejuiciadas de educadores ayudó finalmente a consolidarlo. La idea fundamental era, y aún lo es, que el único aprendizaje que puede influenciar significativamente el comportamiento es el que cada uno descubre por sí mismo.
Sus características
Su tuviéramos que resumir en una frase el concepto detrás de la educación basada en el alumno, esta sería: el alumno se convierte en el sujeto de la educación. Ya no se busca que un alumno adquiera una serie casi numérica de contenidos, sino que desarrolle pensamientos propios y, más aún, procedimientos autónomos. No se trata de una educación para informar, ni menos para generar comportamientos estandarizados. En este esquema la educación se entiende como un proceso dinámico y en cambio permanente, y los contenidos que sirvieron hace un mes podrían no servir hoy.
Eso obliga a alumnos y coaches a descubrir, elaborar y reinventar permanentemente su propio conocimiento.
También es un modelo grupal: para lograr el aprendizaje adecuado son importantes las experiencias compartidas y de interacción. Se trata de generar ambientes reales en los cuales el eje sea el ser humano, con todos los sanos conflictos y desafíos que ello implica. Un coach en este nuevo método está para guíar, estimular, problematizar, facilitar la búsqueda, escuchar y asistir a que el grupo se exprese, pero nunca no para premiar o castigar. También se alienta la solidaridad, cooperación y creatividad, y se intenta descubrir permanentemente el potencial de cada alumno.
Si tuviéramos que enumerar algunas de las principales características del modelo centrado en el alumno, tendríamos las siguientes:
1. Involucra a los alumnos en el proceso de aprendizaje, dado que gran parte de los contenidos formales provendrán de sus propios intereses, experiencias y capacidades, y no serán impuestos desde una instancia externa.
2. Forma explícitamente las habilidades, dado que los coaches deben asumir con energía el desafío de descubrir el potencial de cada uno de los alumnos, por diversos que estos intereses o capacidades sean, y fortalecerlos.
3. Invita a los alumnos a reflexionar sobre lo que están aprendiendo y cómo están aprendiendo, dado que se permite el cuestionamiento permanente y el desafío a los contenidos expresados por el coach. Se trata de inculcar a los alumnos que muchas veces deberán enfrentar desafíos de un mundo heterogéneo, que en muchas ocasiones no habrá respuestas únicas o preconcebidas a ciertas interrogantes y que la mejor manera de resolver lo que enfrenten será a través de la autonomía de pensamiento, la creatividad y superación de los prejuicios.
4. Otorga a los alumnos cierto control sobre los procesos de aprendizaje, dado que se les motiva a buscar distintas formas de compartir la responsabilidad con ellos mismos y con sus coaches. El objetivo es formar alumnos que se sientan y se hagan responsables de las consecuencias que sus actos acarrean para sí mismos, para sus compañeros y para su comunidad.
Por supuesto, se trata de un modelo que hoy tiene limitaciones (aún cuando estas van más relacionadas con su instauración que con sus contenidos). La educación centrada en el alumno requiere de coaches dispuestos por completo a innovar, y es un hecho que en el México actual son pocos los que están preparados o tienen el interés de abordar esquemas novedosos de enseñanza. En la práctica, una parte importante de los maestros aún utiliza estrategias basadas en mecanismos disciplinares y con métodos que disminuyen las particularidades de cada uno los alumnos.
En ese contexto, propuestas más modernas –Knotion, entre ellas– abren el camino al tipo de educación que debiera llegar para quedarse.
¿Por qué el antiguo modelo dejó de servir?
Las diferencias entre este nuevo modelo con el modelo tradicional –centrado en el maestro– son evidentes. El modelo centrado en el maestro tiene una clara estructura vertical. Su objetivo es que el alumno aprenda casi de memoria, y tiene como ejes al profesor y los planes de estudio. Carece de una perspectiva holística, al dar más importancia a los datos que a los conceptos, y no alienta la actividad participativa. Los exámenes premian la memorización, y en general se sanciona al alumno que no reproduzca fielmente lo transmitido. Producto de ello es usual que la creatividad de los alumnos se anule o desaparezca en un remolino de contenido uniforme.
Los resultados de este esquema básicamente son:
1. Alumnos pasivos, que no desarrollan del todo sus capacidades críticas ni de razonamiento.
2. Distinción absoluta, entre los roles y jerarquías del profesor y de los alumnos.
3. Individualismo en el mal sentido, producto de un sistema de premios y calificaciones, e incluso de castigos o la posibilidad de reprobar.
4. Nula intención de colaboración, dado que el esquema inherentemente privilegia la competencia negativa por sobre la cooperación.
5. Poca capacidad de conectarse con entorno social, dado que en la mayor parte de los casos las materias consisten en meras abstracciones que pocas veces tienen relación con la realidad.
Se trata, en resumen, de un método educativo que no responde a las necesidades de hoy.
Comprender la vital importancia de mejorar la educación de hoy implica ser valiente, ya que acarrea un doble desafío: primero, atreverse a superar los viejos esquemas; segundo, buscar la manera viable de llevarlos a la práctica. Solo así, con valentía –y con la comprensión cabal del tamaño de la labor que tenemos enfrente–, se responderá a las necesidades actuales del dinámico mundo actual. Solo así prepararemos alumnos que realmente decidan convertirse en agentes del cambio social: alumnos que se comprometan a mejorar el mundo en que vivimos.

La importancia del ambiente colaborativo en el aula

La importancia del ambiente colaborativo en el aula


La educación tradicional ponía como prioridad la disciplina, el orden y el aprendizaje mediante la memorización de conceptos. Por fortuna, en la actualidad esta visión se ha cambiado. Hoy, más que el acomodo de los pupitres y el silencio en el aula, lo importante es el ambiente que se genera en ella. ¿El ideal? Un ambiente colaborativo y armónico.
Actualmente se busca que la educación se centre en el alumno, para que desarrolle pensamientos propios y, más aún, procedimientos autónomos. En este esquema la educación se entiende como un proceso dinámico y en cambio permanente, y los contenidos que sirvieron hace un mes podrían no servir hoy. El alumno aprende a su propio ritmo, y genera una experiencia significativa en su vida.
El trabajo en equipo es parte del nuevo esquema de educación del siglo XXI para cumplir metas y crecer personal y profesionalmente.

La importancia de trabajar en equipo

Al contrario de lo que puedes creer, el trabajo colaborativo no se opone al individual: más bien funciona como una estrategia complementaria, que fortalece el desarrollo integral del alumno y las relaciones interpersonales que tiene en su etapa escolar. En este dilema entre colaboración y autonomía, los especialistas César Collazos y Jair Mendoza, docentes la Facultad de Educación en la Universidad de La Sabana, han llegado a tres definiciones respecto de los tipos de aprendizaje:

  • 1.- Individual, en el cual el éxito de un alumno no necesariamente depende del éxito de los demás.
  • 2.- Competitivo, donde el éxito de unos depende del fracaso de otros.
  • 3.- Colaborativo, en el cual el éxito de cada uno depende directamente del éxito de todos los demás.

Desde una perspectiva general, podemos decir que el trabajo colaborativo es una buena manera de hacer que la confianza, la comunicación y la solidaridad de los niños vayan más allá de la escuela.
Si tuviéramos que definirlo, el aprendizaje colaborativo consiste en la adquisición de conocimientos y habilidades a través de dinámicas de trabajo en equipo, con lo cual los alumnos enriquecen su aprendizaje gracias al intercambio de ideas y a la interacción con sus compañeros.

¿Por qué el ambiente colaborativo es mejor?

El aprendizaje colaborativo busca que los niños y jóvenes trabajen juntos y sean responsables de su propio aprendizaje, además de complementar el de sus compañeros. Para aplicar esta forma de aprender es necesaria una renovación de los roles de profesores y alumnos en el aula, y sobre todo del proceso de enseñanza-aprendizaje. En otras palabras: se trata de cambiar la educación.
Intuitivamente, y acorde al estudio de Mendoza y Collazos, una situación es considerada “colaborativa” si los pares son más o menos del mismo nivel, pueden ejecutar las mismas acciones, tienen un objetivo común y trabajan juntos. Para lograrlo, el clima escolar es igual de importante que el contenido académico, porque el aprendizaje de un niño o adolescente depende también de su estado de ánimo y confianza en él.
Distintos autores coinciden con esta idea. El Dr. Fernando Del Villar, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, afirma que cuando hay un clima positivo dentro del aula el alumno se siente cómodo, identificado con su grupo, respetado y apoyado por sus compañeros y maestros. En tanto, un ambiente negativo en el aula puede ocasionar depresión, falta de motivación y apatía en los alumnos.
Pero a pesar de estos avances, la tarea está pendiente: en la actualidad muchas escuelas optan por el mismo tipo de educación que se ha generado desde hace 40 o 50 años.

La importancia de redefinir el ambiente escolar

El cambio en los paradigmas de la educación ha acarreado también la adaptación de los espacios físicos. Hoy, las necesidades de un aula parten de al menos tres principios básicos:

  1. Debe ser un espacio para convivir, para desarrollarse, adquirir conocimientos y entablar amistades.
  2. Tiene que ser un lugar acogedor y abierto a la interacción con el mundo exterior.
  3. Debe ser un lugar distinto y único.

La ventaja de este tipo de ambientes es que, si desde pequeños los alumnos aprenden a ser emprendedores y a tener responsabilidad individual y grupal, en el futuro podrán llevar esas habilidades a los diferentes ámbitos de su vida.
De hecho, las tendencias educativas modernas coinciden en que el éxito va más allá de tener alumnos de 10 que solo memoricen conceptos. El éxito ahora es educar a niños y jóvenes felices, con las habilidades necesarias para lograr lo que quieran, que puedan explorar y adaptarse a un mundo cambiante, y, sobre todo, personas conscientes de que el cambio comienza por uno mismo.
Ante esta situación los Collazos y Mendoza han identificado de manera detallada los beneficios de fomentar el ambiente colaborativo. ¿Cuáles son?

  • ● Relaciones interpersonales positivas. Los alumnos podrán establecer metas en conjunto y se apoyarán mutuamente; además, el trabajo en equipo y la empatía pasarán a formar parte de su personalidad.
  • ●  Crecimiento personal. Los niños y jóvenes se desarrollarán de manera holística con valores esenciales como responsabilidad, respeto, tolerancia, justicia y amor.
  • ●  Resolución de conflictos. Con el desarrollo de sus habilidades sociales, los alumnos sabrán resolver retos de manera creativa, lo que les dará más posibilidades de mantener su estabilidad emocional.
  • ●  Retroalimentación. El tener un ambiente positivo en clase permite que los alumnos tengan confianza y seguridad al expresarse, y por eso mismo fomenta la comunicación entre ellos y el maestro. Al compartir opiniones ¡el crecimiento es grupal!

Como coach, ¿qué puedes hacer para generar un ambiente colaborativo?

El desafío de hacer de la educación un proceso colaborativo no es simple. Sin embargo, es un hecho que resultará más fácil si integras las inquietudes y propuestas de tus alumnos. Los pasos recomendables para abordar de buena manera este método de aprendizaje son:
  • ● Establece junto con tus alumnos las metas y objetivos del curso. De esta manera se motivarán y comenzarán a trabajar por ellas: ¡serán sus propias metas!
  • ● Realiza actividades en equipo. Procura que estos estén equilibrados, porque mientras más talentos, habilidades y visiones distintas haya, más aprendizaje habrá.
  • ● Fomenta la confianza y seguridad en tus alumnos, de modo que no tengan miedo de participar.
  • ● Los valores también son importantes, sobre todo el respeto hacia los demás. Una manera de inculcar en tus alumnos es mediante el diálogo. ¡Crea ejercicios con esta dinámica!
  • ● Sé un guía empático. Más allá de brindarles conocimientos, otorgarles tu confianza y amistad: eso les dará seguridad y generará un ambiente positivo.
  • ● ¡Haz tu clase dinámica! Utiliza distintos recursos y actividades para ello. La tecnología puede ser un gran apoyo.
  • ● Emplea la autoevaluación y la coevaluación con tus alumnos. La retroalimentación es muy importante, ya que nos ayuda a crecer. Recuerda: mantén siempre el respeto y la tolerancia.
  • ● No todo debe ser ciencia: ¡inculca en ellos el gusto por las artes! La creatividad es una de las habilidades necesarias para el mundo actual.
  • ● ¡Disfruten de la diversión! La risa y las ocurrencias de los niños y jóvenes son una de las cosas más bonitas, dejarlas fluir en clase generará un ambiente increíble y los unirá como grupo.

En cuanto a las características del aula, el objetivo es generar un espacio físico adecuado para que sucedan grandes cosas y se desarrollen cuestionamientos, situaciones nuevas, problemáticas, desafíos, dudas, equivocaciones y aciertos. Para abordar este punto es fundamental establecer las herramientas físicas que contenga (tabletas, computadoras, estantes, libreros, escritorios, etc.), y su distribución: cómo están acomodadas las estaciones de trabajo, o si posee grandes mesas compartidas, qué tan amplia es, si hay pizarrón o proyector y demás. Todo lo anterior puede acompañar y complementar muy bien la educación de los alumnos.
Además de lo anterior, se debe resaltar que hasta el mobiliario influye en el ambiente. Una mesa redonda en donde los chicos puedan dialogar y discutir, siempre es mejor que un pupitre aislado. ¡Los colores también son importantes! Es hora de olvidarnos del verde militar, del azul hospital y del café apagado.
El objetivo de todas estas medidas es motivar a los alumnos a crecer. En las escuelas adscritas a las teorías conectivista, constructivista o post constructivista, el alumno es el actor principal de la clase: un sujeto activo, que toma decisiones, busca respuestas y permanentemente confronta desafíos para superarse.
En esta visión el alumno es el actor más importante de la educación, e incorpora y aprende nuevos saberes. Solo bajo esta dinámica, y con el apoyo de las herramientas descritas, lograremos impulsar a niños y jóvenes felices, autónomos y conscientes.
En nuestras escuelas y salones de clase: ¡hagamos un cambio!